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Industria automotriz busca ingenieros más humanos

La formación de los ingenieros debe incluir soft skills, dicen expertos.
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M�s que t�cnica - (Foto: Juan Roberto Llagun)

Nota del editor: Este reportajee se publicó originalmente en la  edición 251 de la revista Manufactura , correspondiente a octubre de 2016.

Daniel Alejandre García dedica dos horas a la semana a platicar con ingenieros sobre inteligencia emocional.

El jefe del Departamento de Desarrollo Humano, en la Universidad Politécnica de Querétaro (UPQ), les habla sobre autoconocimiento, control de emociones y comunicación. Y no se basa en los libros para sus charlas, pide a los ingenieros que participen en actividades culturales y sociales y que, después, intercambien ideas sobre lo vivido en estos encuentros. Son 64 horas, aproximadamente, las que un ingeniero en esta institución dedica cada cuatrimestre a trabajar temas de desarrollo humano.

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“Les hacemos ver que antes que ingenieros, son personas, que saldrán al mercado a relacionarse con individuos de diferentes áreas. Saber hacer esto, identificar qué les frustra o los motiva, son destrezas que pide el mercado y que además son útiles en la vida del ingeniero”, afirma el docente.

Alejandre tiene experiencia impartiendo las materias Valores del ser y Habilidades del pensamiento entre ingenieros en mecatrónica, y quiere replicar esa enseñanza en la Ingeniería en Tecnología Automotriz, que desde septiembre se imparte en la UPQ, con 125 alumnos, y en donde en seis de los nueve cuatrimestres lo técnico se combina con clases de desarrollo humano.

“El sector productivo nos marca desarrollar estas destrezas”, dice Octavio Cabrera Lazarini, director de la División de Tecnologías Industriales en la UPQ. Por décadas, el dominio técnico fue la premisa para formar ingenieros en automotriz, pero ahora es indispensable desarrollar “su lado humano”. Para marcar la diferencia en el plano productivo, en una planta, se necesitan herramientas tan básicas como saber transmitir una idea y defenderla, ejemplifica el académico.

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El Instituto de Ingeniería y Tecnología (Institution of Engineering and Technology, IET), con sede en Reino Unido, entrevistó en 2015 a 400 compañías transnacionales (entre las que se encontraban armadoras) y halló que 57% de los empleadores ven en los ingenieros egresados una brecha ‘importante’ en habilidades como gestionar equipos, ser tolerantes a la frustración y saber comunicar sus ideas.

La tendencia en los programas académicos actuales es incorporar las destrezas conocidas como soft skills en programas que, al menos hasta hace una década, eran completamente técnicos. “Hay que integrar competencias duras y suaves como un todo, no asignaturas aisladas que se imparten el primer año”, comenta Cabrera Lazarini, especialista en desarrollo curricular.

La Ingeniería en Tecnología Automotriz que se imparte en la UPQ incluye del primero al sexto cuatrimestre clases orientadas a valores del ser, inteligencia emocional, desarrollo interpersonal, habilidades del pensamiento, habilidades organizacionales y ética profesional. Del séptimo al noveno se concentran en que el alumno sepa formular, evaluar y administrar proyectos, desde un enfoque más emprendedor.

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“Nos basamos en el modelo Tuning, porque creemos que es muy cercano a que el ingeniero tenga lo necesario para resolver problemas incluyendo el aspecto personal, no solo el conocimiento abstracto”, comenta Cabrera Lazarini. El Proyecto Tuning se desarrolló en el año 2000 en Europa y promueve que el programa de aprendizaje del estudiante incluya 27 competencias o habilidades genéricas, aplicables a lo largo de la trayectoria y sin importar el lugar de trabajo, por ejemplo, aprender a actualizarse de manera permanente.

Cambios en la vida real

A la par del programa lanzado por la Universidad Politécnica de Querétaro, otras instituciones en el país buscan formar ingenieros para ingeniería automotriz que se alisten, de entrada, en cuatro soft skills básicas: orientar el trabajo a resultados, toma de decisiones, comunicación oral y escrita e integrarse acertadamente en equipos, opina Francisco Ayza Merino, director nacional del Instituto Profesional Universidad del Valle de México (UVM).

“Necesitamos jóvenes que sepan que ingeniería automotriz no solo es conectar piezas adecuadamente. Se busca y no se encuentra fácilmente a quien sepa recibir y dar una instrucción en otro idioma”, ejemplifica el director.

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La UVM lanzó este año los programas de Técnico Superior Universitario en Mantenimiento Industrial y Procesos de Manufactura, que se imparten en el Instituto Profesional UVM, y en los que incorpora materias que pueden parecer a primera vista peculiares, como taller de lectura y redacción de información técnica o mejores prácticas en la línea de producción. La misma universidad firmó este año un convenio con Fiat Chrysler México para que los estudiantes realicen prácticas donde desarrollen esas soft skills en la empresa automotriz.

La Universidad Tecnológica Bilingüe Internacional Sustentable de Puebla (UTBIS), por su parte, comenzó este año su oferta de 28 programas, entre ellos uno enfocado a procesos industriales en automotriz, donde se buscará que 70% de la formación sea orientada a resolución de problemas en líneas de producción, según datos oficiales de la escuela.

Con una industria que tiene exportaciones por mayor valor que la actividad petrolera, se entiende por qué urgen más ingenieros que entiendan el sector desde la perspectiva holística del negocio. “Entre tanta tecnología hay que saber ser más creativo, empático y humano para tomar una decisión y armar equipos, lo demás lo puede hacer un robot”, asegura Marcela Alois, coordinadora de Consultoría Académica en Pearson, firma especializada en tecnología educativa.

Sin embargo, México tiene un reto importante: un gran porcentaje de las escuelas, al menos públicas, siguen centrándose en enfatizar lo técnico y reducen las competencias suaves a una materia que se imparte en los primeros semestres o de manera intermitente, no son requisito durante el todo programa. Esto responde a varios factores, desde la poca autonomía universitaria para dar este enfoque a los programas, hasta romper brechas culturales.

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La ingeniería enfocada al sector eléctrico automotriz en el MIT, por ejemplo, establece como requisito que la comunicación sea asignatura a cubrir en todo el programa, y para eso se pide cursar materias orientadas a artes, humanidades y ciencias sociales (dos al menos) cada año durante cuatro o cinco de estudio.

Practicar una disciplina física también es indispensable en el programa. En la carrera de ingeniería en sistemas automotrices, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la materia humanidades aparece en cinco de los nueve semestres y en forma interrumpida.

Daniel Alejandre menciona que desarrollar programas con un enfoque con mayor proporción de soft skills suele ser más complicado en el caso de los ingenieros, perfiles que per sé tienen menos desarrollada la competencia verbal, a diferencia de estudiantes de otras carreras de áreas sociales, por ejemplo. Aun así hay que entrarle al reto, dice, porque lo exige el mercado y son las habilidades que impulsan la trayectoria profesional.

“Yo veo a diario ingenieros que no avanzan por no saber expresarse. Una respuesta a tiempo, una desviación de proceso para acelerar algo, son problemas básicos qué atender y se hacen a través de la comunicación. Pero hoy veo en nuestra industria muy buenos técnicos, que son malos jefes, administradores”, puntualiza Lidia Montemayor, ingeniera en Electrónica por el Tecnológico de Ciudad Juárez.

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