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¿Qué tan fácil será para AMLO aplicar su programa sobre aprendices?

Especialistas advierten que no todas las empresas de México saben fungir como tutores.
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j�venes aprendices - (Foto: iStock)

Los jóvenes están en la mira del virtual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Para ellos propuso el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que pretende beneficiar a 2.6 millones de personas. La iniciativa demuestra interés en llevar los problemas de este sector de la población a nivel de política pública, pero cumplir con el programa tendrá desafíos.

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El programa propone, en el aspecto laboral, vincular al joven con la empresa mediante la figura de aprendiz, rol que tendrán los estudiantes quienes recibirán un sueldo cubierto con fondos transferidos por el Gobierno. 

Las compañías fungirán como tutoras. Aquí es donde está uno de los máximos desafíos de implementación, porque las empresas no están listas para ejercer el rol de la tutoría, advierte Alexandra Zapata, directora de Educación e Innovación Cívica del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

“Estamos hablando de una propuesta gigantesca. Si tomas el presupuesto de egresos 2018 y analizas los diferentes (montos) asignados a diversas secretarías en el país, como Energía, Cultura, Relaciones Exteriores, Función Pública..., resulta que lo que se pretende asignar es mayor que todo lo asignado a esas áreas. Son 110,000 millones de pesos (mdp), y cuando se habla de tanto dinero el primer desafío es implementar el programa de manera impecable”, explica Zapata.

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La especialista en políticas públicas por la Universidad de Stanford propone comenzar esta iniciativa con una prueba piloto y, a través de esta, clarificar el objetivo del programa, la visión de éxito que se quiere desarrollar con los jóvenes y responder a la pregunta de qué conseguirán los chicos tras participar en la iniciativa. Y, sobre todo, apunta, debe construirse de la mano con el sector productivo. 

“Si se suelta esa cantidad de dinero sin tener claridad sobre cómo será más empleable el joven y qué tipo de empleabilidad se busca desarrollar a largo plazo, esto será la guardería más cara del sexenio”, asevera.

Isaac Lucatero, director regional del Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Läguera, en el Instituto Teconológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) Ciudad de México, comenta que uno de los máximos desafíos de implementación será la función de mentoría de las empresas, ya que advierte que muchas no están listas para ejercer este rol.

Lucatero propone definir un plan de desarrollo de mentores, que podría generarse a través del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Esto, además de servir de entrenamiento, permitiría clarificar el tipo de competencias que se quiere desarrollar en los jóvenes para que éstos se contraten en el futuro.

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Fátima Montiel, presidente de la Comisión de Empresarios Jóvenes de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), detecta que propuestas de este tipo tienen como factor favorable relanzar la figura de trabajo tripartita (es decir, la colaboración entre Gobierno, academia y empresas). 

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Los resultados del programa dependerán de que los tres ámbitos puedan trabajar juntos. “Hay que trabajar para cubrir los muchos años de falta de empatía entre empresariado, parte académica y Gobierno”, refiere la especialista.

Montiel propone que, para empezar, el empresariado exponga de manera formal y continua sus problemas de negocios en el mundo real. “Es una manera de romper con la inercia que nos ha separado”, propone. Con esa información, los maestros pueden preparar ‘aprendices’ que reúnan las destrezas para contribuir a solucionar problemas reales en el sector productivo.

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El reto de evaluar

Otro desafío entorno a la iniciativa de López Obrador es definir mecanismos para que las empresas registren los avances realizados con los jóvenes y lo que aprenden. 

“Hay que tener un mecanismo para evaluar, lo que no es necesariamente económico, pero resulta necesario. Un problema al que nos podemos enfrentar, y que se debe evitar, es el surgimiento de empresas fantasmas que cobren y después no sepan dar resultado”, comenta Zapata.

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Generar filtros para asegurar que las compañías sepan medir y dar cuenta de los resultados conseguidos es fundamental, afirma Lucatero. La recomendación en este sentido es que el proyecto piloto permita documentar y recolectar evidencia y ajustar el programa con base en resultados.

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“No tendríamos por qué arrancar con 110,000 millones, sino entender qué puede funcionar, incluso hacer un análisis de ejercicios vinculados a los jóvenes que han sido exitosos en el pasado. Y, partir de toda esa información, escalar la propuesta inicial. En México, y eso es un punto en contra, no tenemos una trayectoria de recolectar información y evidenciar resultados”, comenta la directiva del IMCO.

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