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Sustituir a China como proveedor de EU ¿una tarea fácil para México?

Expertos advierten: los productos mexicanos deberán competir con calidad y no solo con precio.
hecho en M�xico / made in Mexico
hecho en M�xico / made in Mexico - (Foto: iStock)

La guerra comercial entre Estados Unidos y China anticipa para México nuevas oportunidades de exportaciones de productos; sin embargo las puertas no se abrirán automáticamente, debido a las exigencias del consumidor norteamericano.

Hoy en día, el perfil competitivo de un producto ya no se sustenta únicamente en su costo al consumidor sino en su oferta innovadora. Es decir, “hay que trabajarle”, coinciden especialistas en comercio exterior como Fernando Ruiz Huarte, director general del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (Comce); Leticia Armenta, directora del Centro de Análisis Económico del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), y Enrique Dussel Peters, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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Factores como el diseño, el material y la calidad son elementos que actualmente tienen más peso que el precio de un bien manufacturado y sobre todo en un mercado tan exigente como el estadounidense.

“Efectivamente se abren oportunidades, pero eso no significa que los productos mexicanos pudieran entrar sin mayor esfuerzo, pues se tiene que trabajar en una modernización de los sectores tradicionales y en un mayor esfuerzo tecnológico en el que China ha ganado competitividad”, afirma en entrevista Leticia Armenta.

EU castiga a China

En marzo de este 2018, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo efectivas sus amenazas contra China y dio lugar a la mayor guerra comercial de la historia contemporánea entre las dos potencias económicas, como afirmó la prensa internacional.

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Al escudarse en el Artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974 de Estaos Unidos y con el argumento de haber identificado “prácticas desleales de comercio, incluyendo robo a propiedad intelectual”, el mandatario aplicó aranceles por 50,000 millones de dólares (mdd) anuales a 1,300 categorías de productos chinos.

A partir de entonces, Beijing y Washington se enfrascaron durante los últimos meses en un conflicto comercial —que implicó el cobro de mayores aranceles— y que ya afecta a 48% de los bienes que China exporta a Estados Unidos.

Entre los productos chinos que recibieron aranceles figuran mariscos, aspiradoras, papel de baño, guantes de beisbol, alarmas antirrobos, computadoras, componentes electrónicos, herramientas mecánicas, maquinas de ordeño de vacas, incubadoras de pollo, motocicletas, químicos y medicamentos, entre otros.

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El pasado 24 de septiembre, Washington anunció una nueva ronda de aranceles a otros productos chinos, con lo que las medidas comerciales del presidente Trump ya afectan a 12% de las importaciones totales que realiza Estados Unidos.

Oportunidades en medio de la crisis

Como en todo conflicto, la guerra arancelaria entre las dos principales economías del mundo dejará perdedores y ganadores. 

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Fernando Ruiz Huarte advierte que esta coyuntura abre posibilidades a terceros países, entre los que figura México, particularmente por las bondades arancelarias de las que goza vía el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) hoy rebautizado como United States, Mexico, Canada Agreement (USMCA) y que en español se ha denominado como Teumeca.

“Efectivamente donde se pueden abrir oportunidades es en algunos productos, como lavadoras, electrodomésticos, paneles solares y también productos electrónicos. Pensamos que pudieran tener alguna posibilidad de incrementar su participación en el mercado estadounidense”, afirmó el representante empresarial.

Según datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, en el primer semestre de este año, México se mantuvo como el segundo proveedor del mercado estadounidense, al participar con 13.7% del total de las importaciones de ese país, superado por China —con el 21%—, pero arriba de Canadá —con el 12.7%—.

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Los principales productos mexicanos exportados al mercado estadounidense son: vehículos, autopartes, maquinaria y equipo eléctrico, aparatos electrónicos, productos agropecuarios, combustibles y dispositivos médicos, entre otros.

¿Segundo 'chance'?

A pesar del incremento en precio que experimentarán casi la mitad de los productos chinos en el mercado estadounidense, no hay garantía de que los artículos mexicanos adquieran más clientes.

Por ejemplo, sectores que en su momento fueron ganadores de la entrada en vigor del TLCAN en 1994 fueron las industrias textil-vestido y del cuero-calzado.

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Sin embargo, resultado de diversos factores, esos sectores cedieron participación en el mercado estadounidense ante la avalancha que representó China, tras su ingreso a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en el año 2001.

En el año 2017, la industria textil reportó una caída de 11.6% a tasa anual, mientras que la del vestido apenas avanzó 0.3%, cifras menores a las tasas de crecimiento de más de 10% de reportaron en la segunda mitad de la década de 1990.

Ahora, ante la guerra comercial China-Estados Unidos, pareciera que se vislumbra un ‘trampolín’ para estas industrias. Pero antes de adelantar vísperas, Leticia Armenta advierte que no será fácil recuperar el terreno tan sólo por el encarecimiento que mostrarán los productos chinos en el mercado estadounidense. 

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“Es necesario impulsar un mayor valor agregado a los productos mexicanos, por ejemplo, el diseño —más allá del costo— puede ser una diferencia justamente cuando entramos a competir en los mercados”, dice Armenta.

“Pero no solo el diseño. Por ejemplo, en la curtiduría existe un tratamiento especial de la piel en los grandes productores internacionales como Turquía o Argentina, los cuales han logrado productos de alta calidad, por eso hay que buscar un mayor valor agregado y actualización tecnológica”, comenta la académica.

En tanto, Fernando Ruiz Huarte coincide en que los fabricantes mexicanos tienen el desafío de fortalecer sus capacidades y conquistar al consumidor norteamericano.

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“No habrá demasiadas oportunidades porque México es un gran exportador de productos de vestido a Estados Unidos, pero las telas las estamos trayendo de Asia; entonces, va a depender mucho de lo que se establezca en materia de reglas de origen (del USMCA) y los cupos de los productos del vestido que se puedan exportar”, comentó el experto.

A este respecto, documentos liberados por el Senado de la República sobre el acuerdo comercial alcanzado entre México, Estados Unidos y Canadá establece que las reglas de origen de la cadena textil-vestido, entre otras ramas de actividad, aumentarán la proporción de insumos producidos en América del Norte.

En este sentido, el hilo de coser, la tela de los bolsillos y los elásticos que contengan una prenda de vestir deben ser hechos en los países de la región. En el caso de bienes textiles confeccionados se requiere que las telas impregnadas o recubiertas (plástico) también sean originarias de la región

A impulsar la vocación regional

En este sentido, Enrique Dussel, investigador de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), considera oportuno que autoridades estatales y empresarios identifiquen la vocación productora de cada una de las regiones del país, con el objeto de impulsar cadenas locales de valor y fortalecer la oferta exportable.

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“Si tienes calzado, muebles o textiles, el reto es ver cómo con esa especialización, con esas empresas y esa red —tanto formal como informal—, (puedas) lograr un proceso de escalamiento (mejora de procesos), es decir, con lo que se tenga al alcance”, dice el académico.

Por ejemplo, Enrique Dussel cita el caso de productos alimenticios de Veracruz, con alto potencial para incursionar en mercados internacionales, pero cuya carencia de proveedores locales de empaques limitó su capacidad.

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“Entonces, hay que desarrollar proveeduría de empaques para generar mayor valor agregado, porque el empaque se importaba de Estados Unidos. Entonces, con lo que está al alcance, hay que definir qué procesos genero para escalar en términos de valor de tecnología”, concluye el académico.

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