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Granja hidropónica usa método revolucionario para cultivar "oro rojo"

Los inversores proporcionaron los 20 millones de euros necesarios para lanzar el invernadero de 13 hectáreas, que ahora emplea a 230 personas y produce alimentos durante todo el año.
Jitomates
Fundada en 2015 por Luigi Galimberti, la granja Sfera Agricola cultiva plantas sin pesticidas y deja que las abejas realicen la mayor parte de su labor. / Tomado de Flickr-silageslayer

La granja hidropónica más grande del sur de Europa, en medio de las colinas de la Toscana, quiere devolver el brillo al tomate italiano, cuya imagen se ha visto afectada por la infiltración de la mafia, la contaminación y la mano de obra barata.

Fundada en 2015 por Luigi Galimberti, la granja Sfera Agricola cultiva plantas sin pesticidas en invernaderos ecológicos y deja que las abejas realicen la mayor parte de su labor.

La granja es una respuesta a los repetidos llamados de la ONU sobre la necesidad de encontrar formas de alimentar a una población que aumenta sin cesar en un planeta sin recursos.

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La granja produce 1 kilo de tomate o lechuga con solo dos litros de agua, frente a los 75 litros que se emplean en los cultivos tradicionales, cuenta Galimberti.

Además, el 90% de esos dos litros de agua provienen de la recolección de agua de lluvia.

Ese método, llamado hidroponía, usa disoluciones minerales en vez de suelo agrícola y permite que las raíces reciban una solución nutritiva y equilibrada disuelta en agua con algunos de los elementos químicos esenciales para su desarrollo.

El control biológico está garantizado por organismos naturales que luchan contra insectos y enfermedades.

"Usamos abejas para fertilizar las flores, y lanzamos una serie de insectos depredadores para combatir los insectos que más tememos", explica Galimberti, quien reconoce que el método favorece la formación de nuevas colmenas y refuerza el ecosistema local.

Instalados en plataformas alimentadas con energía solar, los trabajadores agrícolas van y vienen entre las plantas, levantan suavemente las ramas superiores para atarlas y ayudar así a los tomates a madurar.

Un poco más lejos, una especie de lechuga pequeña crece sobre planchas de poliestireno que flotan en grandes tanques que brillan bajo el sol del mediodía.

Debajo de las planchas, se observan las largas raíces blancas que se sumergen directamente en una solución nutritiva y oxigenada.

El dueño de la granja espera en el futuro ampliar su gama de producción con repollo, espinacas, calabacín, pimientos o berenjenas.

Los inversores y los bancos proporcionaron los 20 millones de euros necesarios para lanzar el invernadero de 13 hectáreas, que ahora emplea a 230 personas y produce alimentos durante todo el año.

Leer más: Madre Tierra, conoce el programa de Agricultura Regenerativa

Piel gruesa

Los tomates italianos, un país que figura junto con España entre los diez mayores productores del mundo, son conocidos en todos los continentes, sobre todo los enlatados.

Sin embargo, han perdido su buena fama debido a las denuncias por las pésimas condiciones en que miles de extranjeros trabajan en los campos del sur de la península.

Los trabajadores, a menudo africanos, alojados en pésimas condiciones en zonas marginales, se agotan físicamente para recoger los "Red Gold", el tomate rojo, destinado a los supermercados de medio planeta.

El tomate también está considerado como la causa de la contaminación de los suelos de las regiones del sur de Italia, como Campania, alrededor de Nápoles, y un buen negocio que atrae a las mafias.

Todas esas denuncias han afectado una industria que factura al año cerca de 24.500 millones de euros, según la asociación de agricultores Coldiretti .

Además de contar con buenas condiciones de trabajo para sus empleados, Sfera Agricola cultiva tres nuevas variedades que fueron abandonadas por agricultores y distribuidores.

"En los últimos 50 años, el mercado ha cambiado rápidamente por razones de distribución y comercio. Han querido hacer más gruesa la piel del tomate para que dure más en las tiendas, y la fruta ya no se cae de las ramas cuando madura", explica Galimberti.

Gracias a unos cubos con lana de roca, unas lanas minerales –el método más común de producción hidropónica que permite el cultivo sin suelo– "la planta está protegida" y se pueden "usar variedades más viejas y más débiles", agrega.

Galimberti planea construir 500 hectáreas de invernaderos hidropónicos en los próximos diez años para convertirse en líder del sector en Europa.

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