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Industrias moribundas: Fabricantes de cerillos

Las cerilleras quieren reposicionar su producto convirtiéndolo en un medio publicitario
D�a de muertos
D�a de muertos - (Foto: Jorge Avi�a)

A diferencia de la mayoría de las mujeres citadinas, las hermanas Morán aún prenden sus estufas con cerillos. También los usan para encender ocasionalmente un cigarrillo o para acticvar el bóiler de sus casas. Ambas se resisten a usar los modernos encendedores y se mantienen fieles al fósforo, un producto que su abuelo empezó a fabricar hace 73 años.

Luisa y Begoña Morán son herederas de la fábrica de cerillos La Perla, una empresa familiar que inició en los años 40 y que sobrevive pese a la llegada de tecnologías sustitutas, como encendedores y chispazos eléctricos capaces de prender las hornillas de las estufas.

Sentadas en la sala de espera de su fabrica, ubicada en Tlanepantla, las hermanas Morán aseguran que el reinado de los cerillos continúa en las comunidades rurales, donde todavía prevalecen las estufas de leña y las velas, y donde la gente prefiere pagar uno o dos pesos por una caja de cerillos que gastar cinco veces más en un encendedor.

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Aunque en menor cantidad, en las zonas urbanas los cerillos también se consumen, dicen.

La fabrica La Perla produce diariamente 500,000 cajas, con 50 fósforos cada una, las cuales se venden a mayoristas abarroteros ubicados en el Bajío. Recientemente, la marca incursionó en el Distrito Federal, un mercado dominado por las marcas Clásicos, Atlas, Flama y Talismán, de la cerillera La Central.

De commodity a producto promocional

Se calcula que en México se consumen alrededor de 350 millones de cajas de cerillos al año y aproximadamente 50% del mercado está en manos de La Central. El resto se reparte entre las otra marcas mexicanas –La Perla tiene 30%- y algunas importadas, como las chilenas Monarca y Guadalupanos.

Una de las estrategias que las hermanas Morán siguen para conservar su porción del mercado y de paso reposicionar a los cerillos, es convertirlos en productos coleccionables o en medios publicitarios.

Hicimos cajas para OCESA con imágenes promocionales de algunos de los conciertos, las cuales se dan a los asistentes como suvenir. También ofrecemos el reverso de la caja para que nuestros clientes mayoristas coloquen la publicidad de sus marcas propias o de sus tiendas, detallaron.

La Central tiene una estrategia similar y desde hace varios años colocan recetas de cocina, promociones o publicidad de algunas marcas de consumo, principalmente de alimentos.

Así se hacen

La fábrica La Perla produce entre 105 y 108 cajas de cerillos por minuto. Es un proceso semi automatizado ideado por el padre de Begoña y Luisa, hace 20 años, y que groso modo consiste en:

  1. Fabricar el pabilo. Se hace con parafina y papel kraft que se trae de Monterrey y de Suecia.
  2. Preparar la mezcla para la cabecilla. Lo cual se hace siguiendo una receta que incluye sílica, caulín, diatomita y óxido de zinc. Todos los ingredientes se pesan y mezclan hasta lograr una consistencia espesa y de color amarillo pálido.
  3. Armado del cerillo. Los pabilos se cortan y se acomodan en una prensa que sube y baja sumergiendo uno de los extremos del pabilo en la mezcla espesa y amarilla. Gracias a la gravedad, la cabeza del cerillo toma una forma de gota.
  4. Proceso de secado. Dura 35 minutos y es a base de aire.
  5. Empacado. Los cerillos se colocan en la caja, previamente acondicionada con la lija –que contiene fósforo-. Luego, con celofán, se arman paquetes de 50, 10 y cinco cajas.

Combinando la eficiencia operativa -dada por un proceso continuo- con una labor de mercadeo, las hermanas Morán buscan mantener encendida la flama de su empresa, la cual actualmente da empleo a 50 personas.

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