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Los robots que revelaron Teotihuacan

Fueron creados por ingenieros mexicanos, que ya reciben ofertas laborales en el extranjero
Robot Teotihuacan
Robot Teotihuacan - (Foto: Cortes�a)

A sólo cuatro años de haber empezado a desarrollar los dos robots que han apoyando la exploración arqueológica en el túnel del Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacan (donde fueron encontradas cerca de 70,000 piezas), Hugo Armando Guerra Calva, ingeniero en Robótica y Rodrigo Torres Pimentel, ingeniero en Mecánica, reciben la primera propuesta para trabajar en el extranjero.

Aunque no quisieron revelar de qué país se trata, dijeron que los contactaron para desarrollar tecnología aplicada a zonas arqueológicas durante un año, con la posibilidad de luego incursionar en otros campos como la agricultura. “Están muy interesados en nuestra trayectoria profesional y se muestran abiertos a las propuestas que les hacemos”, expone Guerra Calva.

En 2010 comenzaron a colaborar con el equipo de arqueólogos dirigido por Sergio Gómez, primero desarrollaron el robot Tlaloque I con base en materiales sencillos y hasta reciclados. Utilizaron una ingeniería básica debido a que tenían poco presupuesto. Aseguran que su trabajo ha sido altruista como parte de su responsabilidad social.

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“El desarrollo estructural fue a base de perfiles de acero y aluminio, con soldadura de microalambre, polímeros, gel de silicón para las llantas y motorreductores comerciales”, expone Torres Pimentel.

Debía resistir un ambiente con 80% de humedad, piedras, lodo, minerales y hasta caídas.

Lograron un adecuado balance entre peso y potencia, para lo cual realizaron pruebas en distintos terrenos, incluso en el drenaje.

En cuanto a la electrónica, Guerra explica que optó por tecnologías disponibles en el país, por ejemplo, cámaras analógicas de video VGA tipo bala con salida de audio RCA a prueba de polvo y agua, base metálica y soporte atornillable. Para el control adecuó un joystick usado que permitió al robot moverse hacia adelante, atrás y ambos lados, pues cada rueda tiene tracción independiente.

En total, 14 pilas alimentan el sistema de iluminación, el control de la señal de los motores y la etapa de potencia. Fue creado con dos alimentaciones de energía independientes, con la posibilidad de regresar al punto de control aunque se quede sin iluminación, la cual fue hecha con dos tiras de lámparas LED de alta potencia con una intensidad luminosa equiparable a un foco de 70 watts.

El cableado para las señales de video y el control del robot fue hecho con cable UTP de uso rudo para exteriores y para la alimentación emplearon cable dúplex calibre 10.

Tlaloque I tiene un alcance de trabajo de 50 metros y posee una autonomía aproximada de una hora. Para controlarlo, Guerra consiguió una capturadora de video, que le permitió captar las señales en su computadora y transmitir imágenes al área de Comunicación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Dos robots en uno

El segundo desarrollo llamado Tláloc II, presentado el 4 de mayo de 2012, posee características más avanzadas, opera a través de comunicación inalámbrica y tiene una autonomía de 45 minutos a una hora. Para apoyar una exploración arqueológica más minuciosa, diseñaron un robot matriz, un robot insecto y un escáner infrarrojo.

El “insecto” brindó la posibilidad de indagar en espacios puntuales, pues descendía del carro y avanzaba por sí solo. A su vez que el escáner ubicado en la parte superior detectaba cualquier objeto localizado en un radio de cinco metros. Con la conjunción de los puntos arrojados por el escáner pudieron determinar que había tres cámaras al final del túnel.

La estructura de este robot fue de chapa metálica, con rodamientos cónicos para las flechas de transmisión de potencia hechas de una aleación de acero debido a que el peso total fue de casi 30 kilogramos y el mecanismo para mover los brazos y las ruedas debía caber en ocho centímetros. Además, este modelo incluyó programación para facilitar su manejo a través de iconos.  

En México, Teotihuacan es la primera zona arqueológica donde utilizan robots para apoyar el trabajo arqueológico. A nivel global es la segunda, después de Guiza, Egipto, en donde desarrollaron el robot Pyramid Rover. “Con la ventaja de que ellos tuvieron la posibilidad de hacer una réplica exacta del túnel que iban a explorar, por lo que conocían las propiedades; nosotros trabajamos con suposiciones, en la entrada había tierra, al bajar y subir el primer valle encontramos piedras y luego un suelo fangoso que no esperábamos. El uso de estos robots también ha prevenido que algún arqueólogo sufra un accidente, pues el suelo estaba agrietado y húmedo, con un lodo profundo”, reflexiona Guerra Calva. 

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