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Enrique Krauze: 50 años de Ingeniería

Aunque es más reconocido por su obra en la cultura, Krauze recuerda su formación ingenieril
UNAM02
UNAM02 - (Foto: google creative commons)

"Este febrero se cumplen cincuenta años del ingreso de mi generación a la Facultad de Ingeniería". Así comienza Enrique Krauze, escritor,  ensayista, historiador, empresario cultural e ingeniero, a narrar algunos de sus recuerdos como estudiante en la Facultad de Ingeniería de Ciudad Universitaria.

"El edificio esbelto y espacioso se ha conservado hasta ahora: la rampa entre sus dos cuerpos, sus atareadas escaleras y pisos, los laboratorios (que tenían máquinas centenarias), los colorines del jardín, la cafetería y el auditorio, escenario de las pruebas finales (donde copiar era práctica común pero inútil: los buenos maestros lo descubrían)".

Describe algunas anécdotas, los profesores y la vida política que permeaba en las aulas.

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"Creo recordar a casi todos los profesores. Sobre el matemático Enrique Rivero Borrell he escrito un perfil: así de fuerte siento su presencia, su suave imperativo de orden y claridad. Carlos Chávarri, recién fallecido, era muy querido por nosotros. Nos daba una divertida y sustancial clase de Álgebra. El temible Daniel Huacuja nos enseñó los arcanos de la Geometría Descriptiva. Alfaro Manzanilla impartía Dibujo Constructivo (es un decir, porque estaba en la luna, enamorado). Paillés, una buena clase de Física. Rodrigo Castelazo era un viejo pintoresco, de quien se contaba esta anécdota: "¿Qué es el infinito?", le preguntó alguien. Castelazo tomó un gis, salió pintando las paredes, y así regresó, pintando las paredes, un mes después: "¿Entendió usted, niñito, lo que es el infinito?".

Me vienen a la mente muchos otros: el generoso Odón de Buen, el caballeroso Manuel Viejo Zubicaray, los apreciados hermanos Jiménez Espriú (Enrique y Javier), el dinámico Mauricio Merikanskas, la interesante clase de Ingeniería Económica de Manuel Zevada y el deslumbrante curso de Investigación de Operaciones de su compañero en Stanford, Benito Marín Pinillos; mi humanista amigo Carlos Gómez Figueroa, Juan N. Dyer de León (Resistencia de Materiales), el pintoresco ingeniero De la Serna (Mecánica de Fluidos), don Jacinto Viqueira Landa (elegante y preciso decano de la Ingeniería Eléctrica), el legendario Adolfo Orive Alba (de quien fui ayudante) y nuestro querido director de tesis: Abraham Mariles. De Marco Aurelio Torres H. no fui alumno, pero cuando lo veía en los "Pumitas" -su cantera de futbol infantil- le decía maestro. Lo mismo a Heberto Castillo, que tendió puentes más allá de la ingeniería. Aunque había maestros "barcos" ("pase ahora, estudie después") y maestros sádicos (recuerdo al menos dos), la planta de profesores era dedicada, exigente y seria. Los cursos de Ingeniería Industrial fueron particularmente útiles: con sus "teorías de colas", "tiempos y movimientos" y otros temas, formaban en el alumno la práctica de ensayar soluciones, de ver las cosas de otro modo, de distinguir, fundamentar, dudar, demostrar: la práctica de pensar.

El 68 nos cambió la vida. La "apolítica" facultad se politizó. Heberto Castillo habló en el auditorio. Lo acompañaba Salvador Ruiz Villegas, el fuerte y fogoso líder del movimiento. ¡Qué orgullo fue marchar junto al rector Javier Barros Sierra y al secretario Fernando Solana por Insurgentes, gritar "Únete, pueblo", corear el "¡Goya!" en el cruce de Félix Cuevas, regresar a la explanada, con la bandera nacional a media asta! El 15 de septiembre por la tarde escuchamos a Heberto Castillo dar "el grito" frente a Rectoría".

Su paso como consejero universitario por la facultad de ingeniería, la mención a sus amigos y el texto completo se encuentran en la entrada al blog de su autoría en el espacio electrónico de Letras Libres, a partir de este día.

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