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México sí se puede subir a la nueva Ruta de la Seda

GRÁFICA Aún con la cláusula 32.10 del T-MEC, el país tiene que ingeniárselas para entablar una relación comercial y de inversiones más estrecha con China.
México y China
Inversiones significativas. De 1999 a junio de 2018, China ha invertido en México 1,027 mdp; una tercera parte ha sido para producción de equipo de computo.

Nota del editor: Este texto se publicó en la edición 274 de la revista Manufactura, 2030: La siguiente era industrial, correspondiente a noviembre 2018.

CIUDAD DE MÉXICO.- Ildefonso Guajardo -secretario de Economía de la administración anteiror- tenía razones para estar tranquilo. La renegociación del ahora Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) había concluido, tras casi 13 meses de trabajo, y tocaba explicarlo. Pero en su comparecencia ante senadores –a inicios de octubre de 2018– un tema generó controversia: la cláusula 32.10.

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“Nadie restringe a México para hacer acuerdos comerciales con quien quiera”, dijo el entonces secretario de Economía al explicar el alcance real del apartado que señala que si uno de los países socios busca acuerdos comerciales con economías de ‘no mercado’, debe comunicarlo a sus contrapartes, y en caso de concretarlo, los otros participantes pueden terminar el acuerdo.

Jorge Morones, vicepresidente de la Cámara de Comercio y Tecnología de China en México, difiere de la versión oficial. El apartado sí cambia directamente la relación que México tiene con China. “No lo dice textual pero sí pone un candado real, operativo, en el cual el país no puede, o será muy difícil, firmar un TLC con China”.

Arturo Oropeza, vicepresidente del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC), afirma que señalar que la cláusula “‘no dice nada y no impide nada’ es una lectura muy ligera, no sería una correcta interpretación”.

Más aún, el artículo 32.10 evidencia en los hechos lo que era un secreto a voces desde hace décadas: Estados Unidos nunca ha querido que China, su competidor directo, esté cerca de México.

“Esa es una de las grandes razones que explican por qué no hay una relación fuerte entre ambos países en términos económicos y de inversión, como sí la tiene China con Brasil”, remarca el especialista.

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Según datos oficiales, China invirtió en Brasil unos 3,000 millones de dólares (mdd) de 2010 a 2017, mientras que México ha captado poco más de 1,000 mdd de 1999 al primer semestre de 2018.

Gráfica comercio entre China, México y Brasil

Relación México y China más allá de lo comercial

Aún con la cláusula, el país no dejará de lado sus lazos comerciales con China ni tampoco pondrá en riesgo la relación que más le reditúa, es decir con Estados Unidos, afirma Jorge Velarde, director de programas académicos de EGADE Business School del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

Es por ello que los especialistas consultados coinciden en que la relación México-China debe evolucionar más allá del nexo comercial, privilegiar el intercambio tecnológico y la inversión en sectores de mutuo interés.

“La pregunta de ‘a ver si firmamos un TLC con China’ fue de hace 10 o 20 años”, dice Oropeza, del IDIC, quien considera que el país debe aprovechar esta coyuntura para lograr un papel protagónico en la nueva dinámica china y en su plan por convertirse en el primer hegemón económico en 2050.

Para lograrlo, China emprendió en 2013 una estrategia global conocida como One Belt, One Road (OBOR), o la “Nueva Ruta de la Seda”, que alude al antiguo vínculo comercial y cultural entre oriente y occidente.

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Se trata del gran proyecto geopolítico y comercial de China que abarca 70% de la población mundial en unos 70 países con los que la nación asiática tiene acuerdos de cooperación e inversión en ciencia, tecnología e infraestructura, entre otros aspectos.

Seda
iStock by Getty Images

OBOR surgió para los continentes de Europa, Asia y África, pero en enero de 2018 incluyó la región de América Latina y el Caribe. Una asociación tipo OBOR daría a México una alternativa para estrechar la relación con China sin “violentar” la cláusula 32.10 y al mismo tiempo aumentar el comercio y las inversiones.

En el primer punto, el planteamiento debe partir de negociar “producto por producto”, considera Jorge Velarde.

“Hay que migrar a un comercio sectorial donde ambas partes puedan firmar acuerdos, no de libre comercio, si no donde puedan disminuir tarifas arancelarias, sobre todo de productos donde México puede tener mayor competitividad para exportar”, agrega Morones, de la cámara china.

En tanto, para aumentar la inversión china en México, el país tiene que generar un plan que tome en cuenta el enfoque “estratégico e integral” que alcanzó la relación bilateral en junio de 2013 durante la visita del mandatario Xi Jinping a México.

Lo ideal es ver –por sectores– dónde está la complementación de ambos países, hacer una especie de ‘check list’ sobre lo que le interesa a México de China en ciencia, tecnología, infraestructura, en inversión industrial, en puertos, trenes, etc.

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“Probablemente habrá muchas cosas que nos interesan y le interesan a China”, dice Arturo Oropeza.

“Si México no lo piensa así, desperdiciará esta oportunidad y vendrán cuatro o cinco inversiones más, pero no una gran inversión china que valga la pena y que potencialice el desarrollo de México bajo una asociación China-México, como sí lo ha hecho en Brasil”, concluye.

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