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América Latina y Asia: un futuro digital

La digitalización de la actividad económica, una vía para romper el paradigma manufacturero de México, incrementar la competitividad y atraer nuevas inversiones de industrias avanzadas.
lun 06 enero 2020 10:20 AM
Digitalización manufacturera
El informe “McKinsey. El futuro de Asia” considera que hay cuatro Asias diferentes en distintas etapas de desarrollo, y que dos son particularmente relevantes.

América Latina y Asia son dos bloques de mercados emergentes con una evolución muy distinta a lo largo de varias décadas. Esta evolución deriva de la combinación de su ubicación geográfica y conectividad, pero también de la regulación y las políticas para fomentar el desarrollo y la competencia durante sus periodos de industrialización. Hoy, América latina enfrenta retos de productividad, tecnológicos y de crecimiento mucho más importantes que en Asia.

No obstante, y sin importar las diferencias estructurales que se observen en la actualidad, el aprovechamiento de la disrupción digital para la modernización de las industrias y para el mayor desarrollo de servicios que se ha logrado en Asia, es un camino necesario de explorar.

¿Cuál ha sido la evolución de ambos bloques?

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La industrialización ocurrió mucho antes en América Latina que en Asia. Fue impulsada por la sustitución de importaciones: las barreras para el comercio entre países originaron que la industria se desarrollara para servir a los mercados locales. El resultado fue el desarrollo de industrias nacionales fuertes, con capacidad de generar empleos, pero dentro de una región separada de las cadenas de valor mundiales, con un universo reducido de mercados y sin la necesidad de convertirse en líderes en innovación.

Asia, por el contrario, se industrializó bajo el marco de una globalización inminente. La búsqueda de eficiencias y competitividad originó que las cadenas de suministro se optimizaran e involucraran a varios países de la misma región.

La creación de una computadora, por ejemplo, puede implicar el cruce rutinario de distintas fronteras asiáticas: un semiconductor de Taiwán, ensamblado en China, como parte de una cadena de valor integrada y fluida entre todo el continente hasta llegar a los mercados finales en Europa o Estados Unidos. Este modelo ha permitido abastecer la demanda local de manera más eficiente y mantener la inversión en la región: la Asia desarrollada y China representan 43% de las exportaciones de la Asia emergente y 61% de sus importaciones.

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Otra diferencia estructural que se observa en la actualidad es el crecimiento salarial y la creación de la clase media. En América Latina esto sucedió hace décadas, por lo que es poco probable que sus naciones se conviertan en centros de manufactura de bajo costo para el mundo como Vietnam, donde la participación manufacturera en el PIB pasó del 16% al 22% entre 2007 y 2017.

México es quizás la excepción, debido en gran parte a su proximidad con el mercado de consumo más grande del mundo, a los mecanismos comerciales generados por el TLCAN (y, con suerte, su sucesor), y a un escaso crecimiento salarial. En México, se observó un crecimiento de las exportaciones del 25% al 38% del PIB entre 2000 y 2017, muy por encima del 22% de América Latina en su conjunto.

El autor es parte del Mckinsey Global Institute; el presente texto es un análisis especial para Manufactura.

El contenido completo lo encuentras en la edición impresa 286, correspondiente a diciembre 2019 y enero 2020.

Manufactura - Diciembre 2019

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