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El comercio exterior, más allá del ombligo

EDITORIAL En un escenario de vacíos y redefiniciones a nivel global, México tiene que aprovechar la oportunidad de tomar su futuro comercial en sus propias manos.
mié 23 enero 2019 11:48 AM
mundo
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Nota del editor: Este artículo se publica en la edición 276 de la revista Manufactura, correspondiente a febrero de 2019.

CIUDAD DE MÉXICO.- En años recientes, vocablos como “America First”, “Brexit”, “Brasil por encima de todo”, “Cuarta Transformación” y otros eslóganes políticos inflamaron durante 2017 y 2018 los nacionalismos en pos de relevos en el mando político de varios países.

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Hoy la economía de la globalización está en un aparente jaque. Sin duda, el beneficio comercial de algunas industrias que a partir de la década de 1990 se globalizaron al amparo de buscar menores costos, eficiencias de escala y otras condiciones favorables, causaron el cierre de fábricas nacionales que quedaron fuera de competencia o mercado, y con ello alimentaron la noción social y el descontento por las (aparentes) pérdidas de empleo, posibilidades de desarrollo y deterioro del poder adquisitivo.

A la par, se dieron efectos colaterales que ahora hacen necesario redefinir el futuro del comercio global. El presidente Donald Trump sacó a Estados Unidos del acuerdo Transpacífico (TPP-11), inició una guerra comercial con China y puso al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en una “modernización” que dio paso al T-Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Con estas medidas, Trump cumplió parte de sus promesas de campaña de regresar el empleo a Estados Unidos, pero también perdió el liderazgo de la globalización comercial.

De manera similar, Inglaterra aprobó en un referéndum su salida de la Unión Europea y dejó sola en el volante de la Unión Europea a Alemania. Para México la renegociación del TLCAN puso de relieve los temas ya conocidos: el alto riesgo de concentrar las exportaciones en un solo país y la necesidad de diversificar destinos comerciales.

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Por ahora, todo apunta a que serán China y Alemania las naciones que tomarán la batuta del comercio, pero nada está definido; en buena medida porque hay un factor adicional: la cuarta revolución industrial y la disrupción tecnológica que están transformando el universo manufacturero.

La reciente reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) se centró en discutir el futuro de la Globalización 4.0 y los efectos que este nuevo orden tendrá en el desarrollo político, económico, medioambiental, entre otros.

En este escenario de vacíos y redefiniciones, México tiene una oportunidad que aparentemente no se está tomando en serio: aprovechar las oportunidades de tomar su futuro comercial en sus propias manos. Buscar nuevos mercados, aprovechar –ahora sí– la red de tratados comerciales, atraer manufacturas (e inversiones) de mayor valor agregado y, por supuesto, en el mediano plazo encabezar el comercio regional desde Latinoamérica.

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Lograrlo depende de sacar la mirada del ombligo, dejar de hacer propaganda populista y poner manos a la obra para propiciar que entre empresas y Gobierno incrementen la capacidad de atracción de capitales, de generar innovación e incrementar el intercambio comercial.

No hacerlo será retroceder y perder, otra vez, la autonomía para posicionar a México como un actor relevante en el concierto global. ¿Tendrán las autoridades actuales la inteligencia para hacerlo?

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